Acúfenos – La tortura del silencio
Creado por Miguel Angel Pedregosa | Guardado en Personal, Salud | Fecha de creación 13-08-2009
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El silencio, qué incomodo puede resultar a veces pero cuánto lo echamos de menos cuando lo perdemos. Así ando yo este verano, buscando un silencio que perdí un día; sin aviso. Se fue sin pedir pedir permiso y sin dar explicaciones, quizá decidió irse a por tabaco, cual padre de Nelson Muntz.
En su lugar apareció un pequeño sonido, agudo y molesto que debe vivir agusto conmigo porque lleva ahí 2 meses y medio. Una mañana, tras un viaje a la sierra de Cabra, desperté con el; no le hice mucho caso a lo largo del día por lo que debió desaparecer. Al día siguiente volvió a aparecer, esta vez sin intención de irse.
Las primeras semanas son las peores, algo nuevo y desconocido para ti, a la vez que molesto, realmente molesto. Acudí a mi médico de cabecera para que me ayudara a librarme de el. Sin levantarse de su silla me dijo que ese pitido se debía a mi alergia (alergia que no había tenido nunca, hasta primeros de marzo de este año) y que no le diera mayor importancia. No me quiso derivar al especialista ya que, según ella, para cuando me dieran la cita ya se me habría pasado o no y que era molestar al otorrino para nada. Básicamente me receto dos buenas tazas de “ajo y agua” (a joderse y aguantarse).
No contento, unas semanas después acudí al hospital para que me vieran por urgencias, a ver si al menos se dignaban a verme el oído o hacerme algunas pruebas para saber algo más de ese molesto ruido que viene conmigo siempre. Allí me comentaron que ese ruido se conoce como acúfeno, que es relativamente normal y que puede deberse a infinidad de causas, relacionadas con el oído, con el cuello o simplemente desencadenado por un cuadro de estrés.
Los dolores de cuello y espalda son relativamente normales en mi. Soy alto, cerca de 2 metros, trabajo sentado siempre y mi vida se vuelve cada vez más sedentaria. Son factores de riesgo para este tipo de dolencias. Del hospital al menos salí con una cita para el especialista. Cita que tengo el próximo 10 de septiembre por obra y gracia del eficiente sistema sanitario andaluz; mi excursión al hospital fue en junio de este año. Si quiero acelerar el proceso tengo que acudir a la sanidad privada, cosa que no puedo hacer por el coste que acarrea.
Buscando por Internet me encuentro con multitud de páginas dedicadas al tema, tanto por la definición española de acúfeno como por la anglosajona de tinnitus. Existen miles de páginas con información y donde personas con inquietudes y miedos similares a los míos dejan sus comentarios, esperando la receta mágica que les libre de tan molesta compañía.
Realmente, lo que peor se lleva es la angustia y el miedo que te provoca la idea de que: a) sea algo que se quede crónico y b) sea debido a algo grave (gracias hipocondría).
Como ya he comentado, las primeras semanas fueron las peores. Me costaba dormir, andaba siempre cansado y agotado, las preocupaciones me invadían.
Tras dos meses y medio de convivir con mi acúfeno me he ido habituando, para dormir pongo la radio que me haga compañía y me enmascare el ruido. Por el día apenas si lo escucho, incluso diría que el acúfeno ha bajado de volumen (aunque al ser algo totalmente subjetivo no es fácil medir esto).
Por recomendaciones de páginas web sobre el tema ahora procuro llevar la vida con un poco más de calma, no abusar de bebidas estimulantes ni del alcohol, prohibido pisar la discoteca sin tapones para lo oídos e intentar hacer algo más de ejercicio. Veremos sin tiene resultado y puedo recuperar mi calidad de vida anterior, volver a instaurar el “status quo” anterior al acúfeno.
A finales de la semana que viene me marcho unos días a Tarragona y Barcelona, de merecidas vacaciones. Se que no va a ser igual, pero intentaré pasarlo bien, desconectar por unos días y relajarme.
Os dejo un pequeño vídeo donde advierten a los americanos del peligro de sufrir tinnitus por el uso continuado de auriculares a un volumen elevado.
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