La foto que acabas de contemplar no se corresponde con ningún tipo de arte abstracto ni ha salido directamente de la cabeza de ningún genio creativo de nuestro tiempo. Lo creas o no, estás viendo el cerebro de un pequeño ratón modificado genéticamente; concretamente lo que estás viendo son las neuronas de este primo lejano del simpático ratoncito Perez.
Como toda historia ésta tiene un principio, nos remontaremos a los lejanos años 60; un joven científico japonés llamado Osamu Shimomura, tras quedar temporalmente ciego por la explosión nuclear de Nagasaky, comienza a estudiar los efectos de la Segunda Guerra Mundial en diferentes especies marinas. En sus investigaciones Osamu Shimomura siente verdadera pasión por la luz que son capaces de emitir ciertas especies de animales marino, concretamente una medusa denominada ‘Aequorea victoria’.
Esta famosa medusa es capaz de producir flashes de luz azul; esta luz producida es transducida en verde por una proteína denominada proteína verde fluorescente o GFP. Nuestra famosa proteína será finalmente la responsable de la imagen con la que se abría este artículo.
En 1962 Osamu Shimomura junto a Frank Johnson de la Universidad de Washington logran aislar la proteina y probar que era la responsable de luminescencia de la medusa. Shimomura pasará el resto de su vida centrado en el estudio de la luminescencia de la ‘Aequorea victoria’ dejando a un lado las aplicaciones que dicha proteina ha tenido en la biología y neurobiología moderna.
Tienen que pasar 45 años para llegar a uno de los usos más impactantes y, a la vez, prometedores usos de la proteína verde fluorescente o GFP. Durante la primavera de 2007 Jeff W. Lichtman y Joshua R. Sanes, ambos profesores de la Universidad de Hardvard, consiguen marcar con más de 100 colores distintos las neuronas de un pequeño ratón modificado genéticamente. Dicha técnica permite a los investigadores poder observar multitud de neuronas al mismo tiempo y en el mismo lugar, ya que cada una ha sido marcada con un color diferente.
La generación de los distintos colores empleados para marcar cada una de las neuronas se realiza de una manera similar a la que tiene un televisor para formar los diferentes colores que podemos ver en pantalla. Se trata solamente de ir mezclando proteinas flourescentes; en lugar de usar los colores rojo, verde y azul se emplean proteínas rojas, cyan y amarillas. La proteína fluorescente roja proviene del coral mientras que las otras dos provienen de modificaciones sobre la GFP original.
Los hermosos colores creados mediante está técnica solamente son visibles con la ayuda de luz fluorescente, a simple vista nuestro simpática ratón podría pasar por un ratón común.
Realmente lo impresionante no es el hecho de poder marcar cada neurona con un color diferente sino el hecho de poder estudiar y observar las miles de millones de conexiones y reacciones químicas que ocurren en el cerebro y como éstas condicionan o provocan diferentes situaciones o resultados. Actualmente estas investigaciones están destinadas a encontrar las causas que acaban produciendo enfermedades tan terribles como el Alzheimer o el Parkinson.
Aún nos encontramos en con una técnica muy prometedora pero que debe avanzar mucho para que su uso comience a extenderse, de momento es una prueba cara y que solo puede aplicarse a ratones; a diferencia de otras técnicas como el método de Golgi.
La foto que acabas de contemplar no se corresponde con ningún tipo de arte abstracto ni ha salido directamente de la cabeza de ningún genio creativo de nuestro tiempo. Lo creas o no, estás viendo el cerebro de un pequeño ratón modificado genéticamente; concretamente lo que estás viendo son las neuronas de este primo lejano del simpático Ratoncito Perez.
Como toda historia ésta tiene un principio, nos remontaremos a los lejanos años 60; un joven científico japonés llamado Osamu Shimomura, tras quedar temporalmente ciego por la explosión nuclear de Nagasaky, comienza a estudiar los efectos de la Segunda Guerra Mundial en diferentes especies marinas.